¿Sientes que te falta el aire cuando piensas en el lunes? ¿Te cuesta desconectar aunque no estés trabajando?
El agotamiento que sientes no es sólo cansancio físico, es tu cuerpo diciendo lo suficiente. Muchas veces normalizamos vivir así y pensamos que no es suficientemente importante. Nos decimos «todo el mundo va estresado», «ya pasará»… pero el burnout no viene de golpe. Aparece como resultado de ir aguantando y aguantando demasiado tiempo sin escucharte.
A menudo, detrás de este agotamiento, existe un rasgo muy silencioso que es la autoexigencia.
¿Qué es realmente el Burnout? (Más allá del cansancio)
No es sólo estar cansado después de una semana de trabajo intenso.
Es un estado constante de agotamiento emocional, físico y mental que perdura durante un tiempo. Y no se va aunque descanses o desconectes, se atenúa pero no mejora.
Para hacerlo más fácil de identificar, debes saber diferenciar entre estrés puntual y burnout/agotamiento crónico:
Estrés puntual: se identifica claramente. Por ejemplo: Tienes una presentación y te genera nervios, presión, incomodidad… pero ahora imaginamos que te anulan esta presentación, de repente sentiríamos alivio. Por tanto, si se marcha el estresor, la calma vuelve de inmediato.
Burnout/Agotamiento crónico: estado de estrés continuado, suele estar en un área en concreto (laboral/pareja/familiar…). Estás sosteniendo por encima de tu límite constantemente.
Ansiedad: cúmulo de estresores y por tanto, no es fácil identificar el origen.
Señales y síntomas del burnout
Los síntomas o señales más habituales que suelen aparecer cuando la persona sufre burnout son:
Señales físicas
- Cansancio persistente, te sientes agotado aunque duermas
- Tensión muscular
- Problemas de sueño
- Aumento o disminución del apetito
- Somatización: el malestar se expresa con el cuerpo, por ejemplo: problemas digestivos, eccemas en la piel…
Señales psicológicas/mentales o de estado de ánimo
- Irritabilidad
- Falta de concentración
- Desmotivación
- Cambios en el rendimiento
- Pérdida de interés
- Apatía
- Cosas que antes te apetecía, ahora ya no
- Cuesta más retener información, hay menos memoria
- Procrastinar más de lo normal
- Sensación de estar abrumado
- Aislarse socialmente
El burnout o agotamiento crónico, no es simplemente estar cansado o no descansar bien por malos hábitos. Es sentir que los momentos de desconexión y descanso, no reparan lo suficiente.
Me gustaría romper el mito de que el burnout se debe a no saber aguantar suficiente. Hay que darle la importancia que tiene, ya que si persiste en el tiempo puede ocurrir que acabe desarrollando en una depresión o trastorno de ansiedad.
La autoexigencia
La autoexigencia es el «motor silencioso» del burnout. Es un factor principal y central del burnout.
Nos decimos que «deberíamos» poder con todo, que no podemos fallar, que pedir ayuda es un signo de debilidad. Esta voz interna —nuestra parte crítica (referenciada en el análisis transaccional)— nos empuja a seguir corriendo aunque estemos exhaustos. Esta creencia alimenta el «tengo que seguir» y hace que nos mantengamos en el malestar.
La autoexigencia hace que te saltes tus propios límites, que no tengas el autocuidado que necesita tu cuerpo o incluso que te cueste detectar cuáles son tus límites reales. Esto hace que normalicemos cierto malestar porque debes cumplir con las expectativas tuyas o de tu entorno para no fallar. Como consecuencia, acabas colapsando.
El problema no es querer hacer las cosas bien, es que nunca tiene suficiente y te hace sentir que nunca es suficiente.
¿Qué puedo hacer para hacer frente a la situación?
Para afrontar el burnout, te dejaré 5 puntos fundamentales:
- Aceptar que no es que «no puedas con todo», sino que has estado demasiado tiempo sosteniendo una carga muy alta. Es agotamiento acumulado.
- Poner límites. Para ello, observa lo que necesita tu cuerpo: si lo que haces te apetece o te da pereza, sientes más cansancio, si te satura o no, si te irrita… Piensa que el lenguaje del cuerpo, la única manera que tiene de decirte lo que necesita es a partir de sensaciones, síntomas y emociones.
- Silenciar emociones y síntomas es estar ignorándote.
- Priorizar. Saber detectar lo que es urgente e importante, qué puede esperar y qué puedes delegar. Es imprescindible para recuperarte del burnout.
- Permitirse no hacer nada productivo. Hay que tener ratos muertos, pausas reales para desconectar por completo.
Un punto que es realmente importante y acelera la recuperación del burnout es exponerte a la naturaleza: que te dé el sol, el aire fresco, contacto con el bosque/mar/río/campo… Cada día buscar unos 5-10 minutos, aunque sea abrir la ventana y que te dé el aire.
Como recomendación te diría que lo más importante es llegar a conocerte y saber qué te funciona en este momento, ya que quizás lo que antes funcionara ahora ya no, por eso hay que ir probando.
¿Cómo puede ayudarte la terapia para superar el burnout?
Si has llegado a plantearte la terapia, seguramente es porque llevas demasiado tiempo en esta situación. Puede que hayas tratado de resolverlo con amistades, familia, Google, Chat GPT, etc. y no acaba de funcionar. En este punto, es muy habitual terminar yendo a terapia.
La terapia presencial es un espacio en el que no debes demostrar nada, ni llegar bien, ni poder con todo. Es un lugar donde podrás entenderte, ordenarte y sobre todo aprender a gestionar de otra forma que en este momento puede ser más útil.
Muchas personas que sufren burnout no piden ayuda porque piensan que es algo que “ya va a pasar”, que sólo hay que descansar o unas vacaciones pero cuando aparecen señales como insomnio, falta concentración, agotamiento, saturación (como las antes mencionadas) ya no se trata de sólo cansancio y quizás hace falta ayuda profesional.
Como profesional de la psicología en Vic, puedo ayudarte a mirar que hay detrás de este agotamiento constante para resolverlo. Te ayudaré a entender qué patrones tienes, a reconocer qué límites necesitas y saber qué cambios son necesarios para resolver el burnout y que vuelvas a sentir descanso y mayor ligereza en tu día a día.